23 enero 2013
Hagan sus apuestas.
06 enero 2013
Desde el borde.
24 diciembre 2012
Malentendidos.
Se forma un círculo amplio en el patio trasero de una casa, totalmente cubierto de nieve artificial, y (los miembros de la familia que hacía dos minutos estaban sentados en la mesa del comedor,) comienzan a susurrar.
PADRE.- Madre mía, madre mía. (Se lleva las manos a la cara y mira a todos lados.)
ABUELA.- Pensaba que no podíamos superar lo del año pasado.
ABUELO.- ¡Me vais a enviar al otro barrio con tanto disgusto!
HIJO.- Tranquilicémonos. ¿Qué podemos hacer?
Se olvidan del secretismo y comienzan a elevar el tono.HIJA.- ¡Encima nos lo preguntas cuando toda la culpa ha sido tuya!
ABUELA.- Siempre supe que eras la oveja negra de la familia, pero no tanto.
HIJO.- ¡Soy muy influenciable! ¡No pude resistirme! ¡Esa muñeca horrible me estaba martirizando!
HIJA.- ¿Influenciable? ¡Serás mamarracho!
HIJO.- ¡Si me dijiste tú que la tirase por la ventana!
HIJA.- ¡A la muñeca, coño, no a mamá!
Comienza a sonar un villancico y los personajes miran al frente.
TODOS.- ¡Feliz Navidad a todos!
Sonríen y saludan a cámara.
17 diciembre 2012
Ciento nueve.
Siguió contando y con la centésimo novena persona que se cruzó en su mirada paró de contar. Ciento siete, ciento ocho, ciento nueve. Como los días que habían durado todas sus últimas relaciones. En realidad, todas las que había tenido en la vida. Cogió al gato en sus brazos y caminó hasta la puerta de la casa. Las llaves permanecían puestas y dadas las dos vueltas, como hacía todas las noches antes de dormir para evitar sustos mayores en medio de la noche. Se puso el abrigo y salió al exterior. Hacía días que no salía, pero la luz no le hizo daño debido a las incontables horas que pasaba contando viandantes estresados a través del ventanal sin cortinas y sin intimidad.
Qué suerte tenía ella sin las preocupaciones del día a día del común de los mortales. Ella tan solo tenía que contar hasta ciento nueve y parar de contar. Ciento nueve, como los días que hacía que ese pequeño animal se le había aparecido en su puerta en busca de calor y cariño.
14 diciembre 2012
Satélites.
Al respecto de esto último, nos enseñan que la Luna es el satélite de la Tierra, pero se olvidan de mencionarnos cómo otras esferas, mucho más pequeñitas pero no por ello menos significantes, también pueden ejercer de satélites. A mí, al menos, me pasa cada vez que te miro a los ojos, que me atrapan y hacen que toda mi existencia gire alrededor del brillo que se desprende de tu mirada cada vez que me dices "te quiero".
