12 abril 2013

Semana Santa (fragmento).

Los grillos cantan su saeta
Oxidada y obsoleta
Al son de un gran tambor

Cómo nos gusta hacernos daño
Parecemos un rebaño
Guiado por el buen pastor

Pasean sus espaldas desnudas
Muestran grandes rasgaduras
En ofrenda al redentor

Los grillos cantan su saeta
Es su arma más secreta
Por momentos hasta parece una canción de amor

14 febrero 2013

Croquetas por San Valentín.

-Feliz San Valentín.

-Yo también te felicito.

-¿Cómo?

-Siempre me ha parecido que estaba bien resaltar las cualidades de uno.

-¿Por qué lo dices?

-(Pausa) ¿Sabes? Tienes la capacidad de hacerme sentir, en distintos momentos del día, la persona más feliz o la más desgraciada del mundo, y eso no es nada fácil.

-¿Estás de coña?

-Hablo completamente en serio.

-No estoy nada de acuerdo contigo, sabes que te quiero con locura.

-Me pondría a explicarte, uno a uno, todos los detalles que me hacen dudar a diario de la veracidad de tus cumplidos. Por desgracia, tendremos que posponer la charla, ya que voy a llegar tarde a clase.

-Ya hablaremos cuando vuelvas. No te entretengo. Que te salga bien el examen.

-Que nos salga bien lo nuestro, me parece más importante. Por cierto, he quedado a comer con mis amigas. ¿Sabrás calentar las croquetas que hay en la nevera?

11 febrero 2013

Idea de argumento para una sitcom.

A mí nunca nadie me había dicho las cosas que hacía mal, por lo que seguía cocinando la verdura sin lavarla de antemano, dejando la ropa a secar al Sol sin darle la vuelta o pronunciando palabras malsonantes en la Iglesia cuando iba a catequesis. Aunque, a decir verdad, de aquellas ya algunas señoras mayores se escandalizaban y me dedicaban sus miradas más amenazantes, probablemente preguntándose qué clase de educación había recibido.

Hasta que un día un caballero justiciero me gritó en la cola de la charcutería por comenzar a dictarle mi pedido a la dependienta sin haber esperado el turno correspondiente. Aquel hecho cambió por completo mi vida y desde entonces los vestidos ceñidos han sido sustituídos por un flojo hábito sobre el cual no se puede adivinar la esbeltez de mi figura por la que tantos hombres suspiraban en mis paseos por la Gran Vía. He sentido la llamada del Señor y ahora dedico mi vida a enmendar todos los errores que mi egoísmo ha provocado desde un pequeño convento de Alcobendas al que he sido destinada. Dudas de fe, líos de faldas en los confesonarios y muchas mañanas de sábados preparando bizcochos y galletas son el día a día de mis hermanas y yo. Una gran familia en la que, como en toda casa de vecino, no faltan las discusiones o los tirones de pelos. Y todo ello con la Salve al volumen máximo del iPod.

23 enero 2013

Hagan sus apuestas.

Como un caballo perdedor, avanzábamos en la carrera y nos veíamos sometidos a la derrota de la medalla de plata. Un puesto más que digno para algunos, pero que nosotros no nos podíamos permitir. Dejamos que la competición siguiese su curso y pese a no recibir los halagos de una victoria que nunca hubo, seguimos avanzando todos los metros necesarios una vez las gradas se vaciaron y no se escuchaba el griterío de aquellos que habían puesto nuestros nombres en sus quinielas. Pero esa no era ni la menor de nuestras preocupaciones. Avanzamos, corrimos y sortamos todos los obstáculos hasta que aprendimos que las verdaderas victorias son aquellas que suceden en solitario, cuando las circunstancias lo requieren e incluso cuando ninguna de esas papeletas marca nuestros nombres. Cuando no hay nadie viéndonos cruzar la meta ni los periódicos recogen nuestro triunfo.

06 enero 2013

Desde el borde.

Me gustaría poder gritar su nombre y que, como dice la canción de Christina Rosenvinge, apareciese a mi lado en cuestión de microsegundos. El mismo tiempo de intimidad que compartimos en un recuerdo agridulce que, sin ningún tipo de pretensiones, se convirtió en un portal hacia universos paralelos donde la realidad tenía mucha mejor pinta. Un universo donde la realidad era apetecible, los días llenos de sonrisas y los microsegundos pasaron a entrelazarse como partículas, con la finalidad de formar un infinito que poco a poco iba cogiendo forma cuando, al colocarnos en el extremo de la línea, esta automáticamente crecía como por arte de magia. Así que, mientras contemplábamos el espectáculo, nos cargábamos de abrazos y caricias en lugar de Coca-Cola y palomitas, porque mientras que es difícil encontrar más espacio en nuestros estómagos para albergar más de un tope de sustento, no existen límites a la hora de dar y recibir afecto. Y si existen, nosotros no lo teníamos. Ni lo tenemos. ¡Ni lo tendremos!