09 octubre 2015

a tantas ondas de distancia

a min non me veñas
non me veñas a min, non.
seica teño cara de fato
ou de falta de durmir.
non me veñas con excusas
nin labazadas emocionais
que xa bateches en min de abondo
ao tirares o meu corazón ao mar.

a tantas ondas de distancia
ben sabes que eu non sei nadar.

02 septiembre 2015

[Sonrisa/Sorriso]

Tengo el pelo lleno de canas,
mi nariz necesita doble asiento en los aviones de narices,
me sobresalen curvas donde no debería haberlas,
se me hunde un ojo por culpa del hueso de mi ceja izquierda,
me brilla la cara porque sigo teniendo el acné de un adolescente,
pero alguén me dixo estes días que sorrise,
que saía moito máis guapo nas fotos,
e inda que non o crea
nin sexa o que se me dá mellor
seguirei o seu consello
comezando por acompañar graficamente este texto
dun de tantos amagos que non son capaz de mellorar por moito que queira.

13 agosto 2015

Por nós.

Polos que comezamos os días co pé esquerdo.
Polos que non sabemos cal empregar cando temos que devolver un balón aos cativos que xogan na rúa.
Polos que tardamos máis do habitual en aprender a empregar unhas tesoiras (e mesmo choramos por iso).
Polos que xa demos por imposibles os abrelatas.
Polos que non entendemos como alguén pode escribir cun folio xirado a noventa graos.
Polos que vemos como bailan as nosas letras porque non somos quen de seguir unha liña recta.
Polos que nos enchemos as mans de tinta e deixamos as manchas de recordo nas libretas.
Polos que facemos malabares para empregar os bolígrafos, analóxicos e dixitais, con cordóns no mostrador do banco.
Polos que damos voltas arredor do Mundo nunha órbita contraria.
Polos zurdos, por todos os que nacimos diferentes dalgún xeito e por todos os que abrazan esas diferenzas como se fosen propias.

09 agosto 2015

-apo.

Tapo.
Papo.
Sapo.
Capo.
Trapo.
Atrapo.
Gulapo.
Escapo.
Sopapo.
Farrapo.
Empapo.
Destapo.
Cachapo.
Castrapo.
Guapo, que mira que es guapo!

06 agosto 2015

Sen título, X.

Teño lume baixo os pés.
Quente.
Quente.
Quéceme o corpo
e queima.
De xeito inconsciente
coma vai cesando a luz nas tardes metido na casa,
o que me fai prender o interruptor
cando xa é humanamente imposible
ver nada sen axuda artificial
e me obrigou a levar lentes
tras anos sen aprender nada.
Maldita estupidez humana.
Queima con quentura maxistral,
cóceme,
sofríeme
e evapórame.
Mais os anxos non agardan por quen
sempre negou a súa existencia
tratando de atopar en terra
anacos do paraíso prometido.

22 marzo 2015

Estribillos (2) Glimpse

Eyes are on me all over the place
They rule their verdict and I can't make my case
And I start feeling something wrong
Like a panic attack, yeah
The universe is planning my chase
While I run fast with my hands on my face
And now they seem to know it all
With just one glimpse behind my back

You

21 marzo 2015

Estribillos (1) You

All I want is you to come back home
I want you to stick to me like a chrome
All I want is cuddling below the dome
Before I'm gone forever
All I want is nothing left postponed
I'll follow you with a heart made of stone
All I want is to overfly you like a drone
Before I'm gone forever, forever

You

15 julio 2014

De menos.

No recuerdo cuándo fue la última vez que me dijiste que me querías. Si lo hiciste cara a cara o me lo enviaste en un mensaje. Solo sé que no echaba de menos el quedar segundo en una carrera que estábamos destinado a ganar y que extraño la sensación de ser dos héroes sin capa que habían superado el ser hijos de la inoportunidad.

22 agosto 2013

Sueños a bordo de planetas

Ilustración de Begoña Fernández

Darío se durmió a la hora de siempre. Primero de todo, leyó un par de páginas de un libro de cuentos que se había llevado de la biblioteca de la escuela como préstamo estival, y cuando sus ojitos empezaron a cerrarse sin remedio, lo dejó en la mesa de noche junto a su flauta. Apagó la luz y, escasos minutos después, el pequeño ya estaba soñando. Se imaginaba a sí mismo sobre un planeta, muy similar a Marte, que rotaba bajo sus pies. La esfera era de su mismo tamaño, seguramente porque hacía poco que había leído “El Principito” y la imagen se le había quedado grabada en la mente. Tenía una camiseta verde, unos pantaloncitos azules y unos zapatos marrones. Sin él saberlo, estaba hecho todo un moderno al mezclar ropa de verano con calzado de invierno. En sus manos sujetaba su instrumento, que no dejaba de tocar en su deriva interplanetaria. Mientras tanto, se le iban acercando monstruos de un solo ojo y seis narices (que dejaban a su paso un rastro de babas), pájaros con cuatro ojos y cuatro patas, o un extraño ser parecido a una ardilla que se había puesto a rodar por su Marte particular en el extremo opuesto. “¡Ay, que se va a caer!”, pensaba Darío al verlo sin atender a la fuerza de la gravedad.

(Extracto de El Astroflauta, cuento en elaboración)

30 mayo 2013

El eterno ignorado.

Cuando emprendió su gran huida supo que era para no volver, para no volver jamás. Cuando las luces de la ciudad se hicieron más pequeñas que un ciempiés, desafió la gravedad. Y saltó hasta el infinito. Pero ni por esas se convirtió en un mito.

28 mayo 2013

El chico sin color.

Guardaba las acuarelas en el segundo cajón de una mesita de noche que ya nadie utilizaba. A su lado, las llaves de un armario vacío donde antaño coleccionaba decenas de camisetas con más colores que el arcoíris. En su televisor solo se reproducían clásicos de inicios del siglo XX. Odiaba tanto el color que se pintaba la cara de blanco y únicamente leía periódicos viejos.

23 mayo 2013

Casa.

Primero fueron las dos últimas gotas del grifo de la cocina. Las hojas sucias de la lechuga seguían amontonadas a un lado de la encimera, encima de un papel humedecido. El bote de la sal estaba abierto y su contenido se mezclaba con el polvo. Le siguieron dos parpadeos de una pequeña bombilla de luz blanca. Le gustaba más que la amarillenta pues le parecía más nítida, más pura, sencillamente más lumínica. Cogió una vela y prendió el mechero, al que le quedaban escasas chispas de vida. Había dejado de fumar y desde meses atrás no se prevenía de hacedores de fuego. No le gustaban nada las cerillas, demasiado perecederas para alguien que soñaba con ser inmortal. Miró a la calle y todo permanecía inmóvil. Que una ventana se dejase de iluminar de repente no cambiaba el aspecto de la ciudad. Apenas era perceptible para quien pasase por la acera contraria. Todos pensarían que esa persona se había ido a dormir o a otra disposición de la vivienda. Nunca creerían que estaba en peligro de tener que dejar de llamar "casa" a su casa.

21 mayo 2013

Lamentaciones.

Los ecos en la madrugada lo despertaron. Eran las repeticiones de un llanto procedente de ninguna parte. Se calzó las zapatillas e hizo sonar bruscamente la persiana. Volvió a su posición original y se tapó con la manta hasta por debajo de las axilas. Sus días ya eran lo bastante trágicos como para que un desconocido interrumpiese sus dulces sueños con lamentaciones.

12 abril 2013

Semana Santa (fragmento).

Los grillos cantan su saeta
Oxidada y obsoleta
Al son de un gran tambor

Cómo nos gusta hacernos daño
Parecemos un rebaño
Guiado por el buen pastor

Pasean sus espaldas desnudas
Muestran grandes rasgaduras
En ofrenda al redentor

Los grillos cantan su saeta
Es su arma más secreta
Por momentos hasta parece una canción de amor

14 febrero 2013

Croquetas por San Valentín.

-Feliz San Valentín.

-Yo también te felicito.

-¿Cómo?

-Siempre me ha parecido que estaba bien resaltar las cualidades de uno.

-¿Por qué lo dices?

-(Pausa) ¿Sabes? Tienes la capacidad de hacerme sentir, en distintos momentos del día, la persona más feliz o la más desgraciada del mundo, y eso no es nada fácil.

-¿Estás de coña?

-Hablo completamente en serio.

-No estoy nada de acuerdo contigo, sabes que te quiero con locura.

-Me pondría a explicarte, uno a uno, todos los detalles que me hacen dudar a diario de la veracidad de tus cumplidos. Por desgracia, tendremos que posponer la charla, ya que voy a llegar tarde a clase.

-Ya hablaremos cuando vuelvas. No te entretengo. Que te salga bien el examen.

-Que nos salga bien lo nuestro, me parece más importante. Por cierto, he quedado a comer con mis amigas. ¿Sabrás calentar las croquetas que hay en la nevera?

11 febrero 2013

Idea de argumento para una sitcom.

A mí nunca nadie me había dicho las cosas que hacía mal, por lo que seguía cocinando la verdura sin lavarla de antemano, dejando la ropa a secar al Sol sin darle la vuelta o pronunciando palabras malsonantes en la Iglesia cuando iba a catequesis. Aunque, a decir verdad, de aquellas ya algunas señoras mayores se escandalizaban y me dedicaban sus miradas más amenazantes, probablemente preguntándose qué clase de educación había recibido.

Hasta que un día un caballero justiciero me gritó en la cola de la charcutería por comenzar a dictarle mi pedido a la dependienta sin haber esperado el turno correspondiente. Aquel hecho cambió por completo mi vida y desde entonces los vestidos ceñidos han sido sustituídos por un flojo hábito sobre el cual no se puede adivinar la esbeltez de mi figura por la que tantos hombres suspiraban en mis paseos por la Gran Vía. He sentido la llamada del Señor y ahora dedico mi vida a enmendar todos los errores que mi egoísmo ha provocado desde un pequeño convento de Alcobendas al que he sido destinada. Dudas de fe, líos de faldas en los confesonarios y muchas mañanas de sábados preparando bizcochos y galletas son el día a día de mis hermanas y yo. Una gran familia en la que, como en toda casa de vecino, no faltan las discusiones o los tirones de pelos. Y todo ello con la Salve al volumen máximo del iPod.

23 enero 2013

Hagan sus apuestas.

Como un caballo perdedor, avanzábamos en la carrera y nos veíamos sometidos a la derrota de la medalla de plata. Un puesto más que digno para algunos, pero que nosotros no nos podíamos permitir. Dejamos que la competición siguiese su curso y pese a no recibir los halagos de una victoria que nunca hubo, seguimos avanzando todos los metros necesarios una vez las gradas se vaciaron y no se escuchaba el griterío de aquellos que habían puesto nuestros nombres en sus quinielas. Pero esa no era ni la menor de nuestras preocupaciones. Avanzamos, corrimos y sortamos todos los obstáculos hasta que aprendimos que las verdaderas victorias son aquellas que suceden en solitario, cuando las circunstancias lo requieren e incluso cuando ninguna de esas papeletas marca nuestros nombres. Cuando no hay nadie viéndonos cruzar la meta ni los periódicos recogen nuestro triunfo.

06 enero 2013

Desde el borde.

Me gustaría poder gritar su nombre y que, como dice la canción de Christina Rosenvinge, apareciese a mi lado en cuestión de microsegundos. El mismo tiempo de intimidad que compartimos en un recuerdo agridulce que, sin ningún tipo de pretensiones, se convirtió en un portal hacia universos paralelos donde la realidad tenía mucha mejor pinta. Un universo donde la realidad era apetecible, los días llenos de sonrisas y los microsegundos pasaron a entrelazarse como partículas, con la finalidad de formar un infinito que poco a poco iba cogiendo forma cuando, al colocarnos en el extremo de la línea, esta automáticamente crecía como por arte de magia. Así que, mientras contemplábamos el espectáculo, nos cargábamos de abrazos y caricias en lugar de Coca-Cola y palomitas, porque mientras que es difícil encontrar más espacio en nuestros estómagos para albergar más de un tope de sustento, no existen límites a la hora de dar y recibir afecto. Y si existen, nosotros no lo teníamos. Ni lo tenemos. ¡Ni lo tendremos!

24 diciembre 2012

Malentendidos.

Se forma un círculo amplio en el patio trasero de una casa, totalmente cubierto de nieve artificial, y (los miembros de la familia que hacía dos minutos estaban sentados en la mesa del comedor,) comienzan a susurrar.

PADRE.- Madre mía, madre mía. (Se lleva las manos a la cara y mira a todos lados.)

ABUELA.- Pensaba que no podíamos superar lo del año pasado.

ABUELO.- ¡Me vais a enviar al otro barrio con tanto disgusto!

HIJO.- Tranquilicémonos. ¿Qué podemos hacer?

Se olvidan del secretismo y comienzan a elevar el tono.

HIJA.- ¡Encima nos lo preguntas cuando toda la culpa ha sido tuya!

ABUELA.- Siempre supe que eras la oveja negra de la familia, pero no tanto.

HIJO.- ¡Soy muy influenciable! ¡No pude resistirme! ¡Esa muñeca horrible me estaba martirizando!

HIJA.- ¿Influenciable? ¡Serás mamarracho!

HIJO.- ¡Si me dijiste tú que la tirase por la ventana!

HIJA.- ¡A la muñeca, coño, no a mamá!

Comienza a sonar un villancico y los personajes miran al frente.

TODOS.- ¡Feliz Navidad a todos!

Sonríen y saludan a cámara.

17 diciembre 2012

Ciento nueve.

Miraba a través de la ventana, acariciaba a su gato y contaba cada una de las personas que transitaban por su calle. Gentes con ropajes extraños, ancianas cargadas con sus carros de la compra llenos a rebosar; madres, padres y hermanos ejerciendo de figuras ejemplares de pequeños curiosos que, con un juguete en la mano y la otra apretada en la de su acompañante, miraban a todos los lados como si fuese la primera vez que visitaban ese lugar. Señores trajeados y mujeres bien vestidas con montones de papeles mal organizados, pegados sus teléfonos a la oreja, berreando y maldiciendo mientras miraban en cada sentido de un paso de peatones que nunca se ponía en verde. Menos mal que tenía a su gato, que a cada caricia entrecerraba los ojos y emitía ese familiar sonido que le afirmaba el confort que sentía cada vez que su dueña pasaba su mano por esa mata de pelo fino y suave. Un pelaje que emitía un reflejo casi dorado cuando la esfera cálida del cielo hacía acto de presencia.

Siguió contando y con la centésimo novena persona que se cruzó en su mirada paró de contar. Ciento siete, ciento ocho, ciento nueve. Como los días que habían durado todas sus últimas relaciones. En realidad, todas las que había tenido en la vida. Cogió al gato en sus brazos y caminó hasta la puerta de la casa. Las llaves permanecían puestas y dadas las dos vueltas, como hacía todas las noches antes de dormir para evitar sustos mayores en medio de la noche. Se puso el abrigo y salió al exterior. Hacía días que no salía, pero la luz no le hizo daño debido a las incontables horas que pasaba contando viandantes estresados a través del ventanal sin cortinas y sin intimidad.

Qué suerte tenía ella sin las preocupaciones del día a día del común de los mortales. Ella tan solo tenía que contar hasta ciento nueve y parar de contar. Ciento nueve, como los días que hacía que ese pequeño animal se le había aparecido en su puerta en busca de calor y cariño.