21 diciembre 2009
16 diciembre 2009
05 diciembre 2009
Sí es lo mismo.
Mi compañera de piso Nathalie está estudiando segundo de Medicina. Se pasa las tardes estudiando, y a veces cuando hablamos sale el tema del volumen de nuestros apuntes. Yo le digo que nosotros es normal que tengamos entre 30 o 60 páginas de apuntes. Ella siempre me dice que es muy, muy poco. Yo le digo que mi carrera se basa también en muchos trabajos y que con los apuntes que hay normalmente no empiezo a estudiar hasta que empieza el período de exámenes, y de hecho es lo que hago siempre, aunque a veces pueda mirar los apuntes para que me vayan sonando cosas antes. ¡Ja! Siempre las olvido. Y entonces en un punto de la conversación surge el argumento que me lleva a escribir hoy.
Nathalie siempre se queda anonadada ante mis palabras, ¿quizás envidiosa de que no tenga que estudiar todos los días?, y yo le digo que es normal que Medicina requiera una mayor puesta en día, primero por el volumen de conocimientos que se imparten, que no tiene punto de comparación, y en segundo lugar por la responsabilidad que implica ser médico. Que el periodismo también tiene cierta responsabilidad social porque somos quienes dan a conocer lo que pasa en el mundo, pero que se queda a años luz.
Pues ayer me di cuenta de que mi razonamiento era erróneo al ver la entrevista que le hizo Jaime Cantizano al hermano de Diego Pastrana, el chico acusado de haber matado a la niña de su pareja. Los errores de un periodista no complican enfermedades, no provocan reacciones alérgicas (aunque algunos tengamos alergia a la COPE e Intereconomía) y sobre todo no matan. Pero los errores de un periodista pueden destrozarle la vida a una persona al igual que a las víctimas de la falta de profesionalidad de un médico. Y a veces no nos damos cuenta, o peor, no nos queremos dar cuenta, pero nuestra profesión es relevante e importante como la que más. Quien diga que el periodismo no es necesario, como nos gritaron a Noelia y a mí al grabar en el casco antiguo de Santiago de Compostela pero en otras palabras, se engaña a sí mismo.
Y lo dejo así, inconcluso, para que me ayudéis a terminarlo si os apetece o tenéis tiempo para ello.
PD: Si se da la casualidad de que has accedido aquí por la persona mencionada en el artículo, que aquí uno no se fía de Google desde que al antiguo blog de Julia entraban buscando a Cristina Rapado, puedes irte ya.
Nathalie siempre se queda anonadada ante mis palabras, ¿quizás envidiosa de que no tenga que estudiar todos los días?, y yo le digo que es normal que Medicina requiera una mayor puesta en día, primero por el volumen de conocimientos que se imparten, que no tiene punto de comparación, y en segundo lugar por la responsabilidad que implica ser médico. Que el periodismo también tiene cierta responsabilidad social porque somos quienes dan a conocer lo que pasa en el mundo, pero que se queda a años luz.
Pues ayer me di cuenta de que mi razonamiento era erróneo al ver la entrevista que le hizo Jaime Cantizano al hermano de Diego Pastrana, el chico acusado de haber matado a la niña de su pareja. Los errores de un periodista no complican enfermedades, no provocan reacciones alérgicas (aunque algunos tengamos alergia a la COPE e Intereconomía) y sobre todo no matan. Pero los errores de un periodista pueden destrozarle la vida a una persona al igual que a las víctimas de la falta de profesionalidad de un médico. Y a veces no nos damos cuenta, o peor, no nos queremos dar cuenta, pero nuestra profesión es relevante e importante como la que más. Quien diga que el periodismo no es necesario, como nos gritaron a Noelia y a mí al grabar en el casco antiguo de Santiago de Compostela pero en otras palabras, se engaña a sí mismo.
Y lo dejo así, inconcluso, para que me ayudéis a terminarlo si os apetece o tenéis tiempo para ello.
PD: Si se da la casualidad de que has accedido aquí por la persona mencionada en el artículo, que aquí uno no se fía de Google desde que al antiguo blog de Julia entraban buscando a Cristina Rapado, puedes irte ya.
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Vida,
Xornalismo
| Adrián C tiene |
23 octubre 2009
Siento haber estado tan ausente.
Siento haber estado tan ausente, pero mi vida me deja pocos momentos para la reflexión profunda y la inspiración literaria que fundamentan la existencia de este humildísimo blog.
No tengo excusa para no haber escrito nada en septiembre, ya que incluso tenía un buen tema que tratar: mi primera visita a Barcelona para disfrutar del directo de Coldplay y el aborchonoso calor que embriaga la Ciudad Condal. Pero sin embargo mi vagancia, así como mi consumo masivo de series, se impusieron a las ganas de que este blog salga a flote.
Pero por desgracia ahora no es la vagancia lo de que me impide actualizar este blog ya no con una constancia o periodicidad fija, sino que prácticamente me es imposible hacerlo. La excusa de la Universidad es un cliché, un tópico a lo que todos recurrimos para excusarnos de dejar de lado facetas de nuestras vidas. Pero os puedo asegurar que en mi caso particular es cierto.
Porque mientras en muchas otras carreras sus estudiantes se limitan a asistir a clase y a estudiar, con sus correspondientes y necesarios descansos de por medio, tengo la suerte, ya sea buena o mala según quién lo considere, de estar en una carrera que requiere una gran dedicación no a la parte del estudio, sino a la de trabajos y prácticas de, hagamos una aproximación estimada, el 75% de las asignaturas.
En las escasas semanas que llevamos de curso ya hemos grabado un programa de radio, expuesto 2 veces en las clases prácticas de esa asignatura, y nos han encargado un documental de unos 5 minutos, y un trabajo de investigación informativa o comunicativa con la de horas de lectura de bibliografía y piezas informativas que eso supone. Y todos ellos son trabajos de grupo, con lo que las horas se convierten en "menos productivas" porque una gran parte del tiempo hay que estar esperando a que todos lleguemos, a que pongamos nuestras partes en común, a repartirnos el trabajo, a ayudar a los demás en los problemas que les puedan estar causando sus competencias, y un largo etcétera de complicaciones que surgen en cualquier situación similar en grupo.
Por ello os ruego que no tengáis demasiado en cuenta que esté desaparecido de este mundo, pues no puedo hacer otra cosa.
Os comunico, del mismo modo, que la angustia, fatiga y estrés ya se están apoderando de mi persona, y que tengo unas ganas enormes de que se pasen estos cuatro meses, los más complicados de la carrera, y poder respirar un poco de aire fresco, ya que la facultad es prácticamente lo único que piso durante la semana.
Os saludo desde el aula de informática de mi facultad. He venido a imprimir el billete de Renfe que me devolverá a casa durante el fin de semana. Aprovechando este tiempo que me he otorgado para "despejarme" compartiendo mis pensamientos, me estoy descargando el episodio de ayer de Grey's Anatomy. Ya que me saca de quicio, que la facultad al menos me sirva para algo productivo. No te fastidia. Le quedan 26 minutos, por si os interesa.
No tengo excusa para no haber escrito nada en septiembre, ya que incluso tenía un buen tema que tratar: mi primera visita a Barcelona para disfrutar del directo de Coldplay y el aborchonoso calor que embriaga la Ciudad Condal. Pero sin embargo mi vagancia, así como mi consumo masivo de series, se impusieron a las ganas de que este blog salga a flote.
Pero por desgracia ahora no es la vagancia lo de que me impide actualizar este blog ya no con una constancia o periodicidad fija, sino que prácticamente me es imposible hacerlo. La excusa de la Universidad es un cliché, un tópico a lo que todos recurrimos para excusarnos de dejar de lado facetas de nuestras vidas. Pero os puedo asegurar que en mi caso particular es cierto.
Porque mientras en muchas otras carreras sus estudiantes se limitan a asistir a clase y a estudiar, con sus correspondientes y necesarios descansos de por medio, tengo la suerte, ya sea buena o mala según quién lo considere, de estar en una carrera que requiere una gran dedicación no a la parte del estudio, sino a la de trabajos y prácticas de, hagamos una aproximación estimada, el 75% de las asignaturas.
En las escasas semanas que llevamos de curso ya hemos grabado un programa de radio, expuesto 2 veces en las clases prácticas de esa asignatura, y nos han encargado un documental de unos 5 minutos, y un trabajo de investigación informativa o comunicativa con la de horas de lectura de bibliografía y piezas informativas que eso supone. Y todos ellos son trabajos de grupo, con lo que las horas se convierten en "menos productivas" porque una gran parte del tiempo hay que estar esperando a que todos lleguemos, a que pongamos nuestras partes en común, a repartirnos el trabajo, a ayudar a los demás en los problemas que les puedan estar causando sus competencias, y un largo etcétera de complicaciones que surgen en cualquier situación similar en grupo.
Por ello os ruego que no tengáis demasiado en cuenta que esté desaparecido de este mundo, pues no puedo hacer otra cosa.
Os comunico, del mismo modo, que la angustia, fatiga y estrés ya se están apoderando de mi persona, y que tengo unas ganas enormes de que se pasen estos cuatro meses, los más complicados de la carrera, y poder respirar un poco de aire fresco, ya que la facultad es prácticamente lo único que piso durante la semana.
Os saludo desde el aula de informática de mi facultad. He venido a imprimir el billete de Renfe que me devolverá a casa durante el fin de semana. Aprovechando este tiempo que me he otorgado para "despejarme" compartiendo mis pensamientos, me estoy descargando el episodio de ayer de Grey's Anatomy. Ya que me saca de quicio, que la facultad al menos me sirva para algo productivo. No te fastidia. Le quedan 26 minutos, por si os interesa.
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Adrián C,
Estrés,
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| Adrián C tiene |
12 septiembre 2009
Mi frustración decorativa.
Mis planes de cambiar levemente la decoración, o más bien la colocación de los muebles, de mi habitación se ha visto frustrada debido a una malvada estantería que se vería abandonada si mis intenciones se hubiesen llevado a cabo. Y es que si por algo se caracterizan los habitantes de mi casa es por, además de no respetar mi intimidad, intentar planificar todo por mí. Por ejemplo, mi madre me obligó a cursar religión hasta 3º de ESO (siendo yo ateo desde 3º de primaria, aprox.), a ir a catequesis hasta 4º y casi puso el grito en el cielo cuando le dije que iba a hacer el bachillerato de humanidades (sabiendo ya la carrera que quería estudiar, y que era la opción preferente). Pero fijaos hasta dónde llega el grado de control, que cuando mi hermano y yo dejamos de compartir habitación (hace 5 años), no elegí un solo mueble. Estuve un par de meses viviendo en un cuarto en el que casi no se podía pasar de un lado al otro debido a que los muebles que íbamos a tirar permanecían inexplicablemente en medio -literalmente- de la habitación. ¿Haciendo qué? Joderme la vida, claro.
Cuando llegó el enorme escritorio, no tenía ni idea de cómo iba a ser. No tenía ni idea de cómo era. Se equivocaron en las medidas, y tuvieron que cortarlo para que cupiera (mi habitación no es claustrofóbica, pero tampoco espaciosa). Mis padres se pusieron en la puerta de mi habitación a observar. Les dije que me dejasen mirar, y me cerraron el pase y me dijeron, a gritos, que me fuera.
Días antes yo ya había decidido dónde iba a ir el armario. Perdón, quise decir que expresé mis intenciones de cambiar de lado el armario para que únicamente me dijeran, sin probar, que iba a quedar mal, y que se quedaba como estaba. Tócate los cojones. Total, que lo único que provocó la sabia decisión de mis padres por no dejarme decorar a mi gusto mi habitación fue que la estantería con mesita de noche se quedase al lado del armario, y al lado de la cama. Todo junto. Que, con el enorme escritorio que también queda justo al lado de la cama, hace que hacer la cama sea casi una misión digna de película de acción (en realidad se hace perfectamente, pero con tanto obstáculo parece un videojuego).
¿Por qué saco a relucir ahora todo esto? Pues porque se me ha dado por dejar de lado mi época de síndrome de Diógenes revistil, y he estado tirando muchas cosas, muchas revistas, muchos papeles inservibles que mi mente enferma pensó que podría necesitar. Por ejemplo, ¿para qué necesito el borrador de mi examen de Publicidad de primero de carrera? ¿O para qué necesito una Vogue de 300 páginas que compré por salir Victoria Beckham en unas 10? Como si fuese una adolescente esquizofrénica, arranqué todo lo que me interesaba de esa y otras publicaciones, y mis cajones vieron reducida su ocupación bastante drásticamente. También tiré algunas cajas, bolígrafos sin tinta guardados en tales cajas, y demás artilujios cuya existencia mi mente había borrado.
Acto seguido se me dio por cambiar de sitio la ex-mesita de noche al hueco del escritorio que hace esquina, donde colocaba la papelera. Ahora donde estaba la mesita, a espera de que mi padre se digne a hacerme más estantes en la mini-estantería, coloco el calzado en el suelo (creo que ya lo mencioné en otra entrada, en mi casa no acostumbran a guardar el calzado en las habitaciones y, cuando yo lo hago, se dedican a quitármelo sin permiso. La elección de armarios tampoco facilita las cosas), a la espera, sucesivamente, de que terminen de una vez el puff, que no tiene suelo y la tapa no está fija, y lo tengo muerto de risa ocupando espacio sin ser usado, para que una vez terminado pueda guardar mi calzado dentro*.
Pero claro, no podemos hablar de re-decoración, o re-colocación, pasando por alto mi aborto de contribución frustrada: el armario. Me decidí a probar a ponerlo donde yo siempre quise, en la pared del interruptor de la luz y mirando en frente de la cama, para así pasar la antena de la televisión por detrás del armario y no tener que hacer maniobras cirquenses si estoy viendo la televisión y quiero abrir el armario (o mi madre, debido a las grandes ventajas de que tu armario sea donde se guarda la ropa para planchar y, en tales días, te entren diez veces en quince minutos, siempre sin llamar, por supuesto). Cual fue mi owned cuando recordé que la estantería está atornillada al armario.
Total, que ayer le dije mis intenciones a mi madre, cuando ya había cambiado de sitio la mesita y recolocado el calzado. ¿Cuál fue su reacción? La que debió haber tenido hace 5 años cuando con toda mi buena y lógica intención quise hacer las cosas a mi manera y se me impidió. ¿Y qué se puede hacer ahora? Nada, porque aunque desatornillase la estantería y cambiase de sitio el armario, no tendría donde ponerla, ya que en el único sitio donde podría es imposible porque toca con los 2 estantes individuales de la pared. Vaya, que estoy condenado a vivir en mi no-habitación hasta que encuentre un trabajo con el que me pueda permitir un alquiler. O sea, hasta los 40.
*Tranquilos, es normal que no hayáis entendido nada en este párrafo. Más bien, es normal que no hayáis entendido nada en absoluto en esta entrada.
Cuando llegó el enorme escritorio, no tenía ni idea de cómo iba a ser. No tenía ni idea de cómo era. Se equivocaron en las medidas, y tuvieron que cortarlo para que cupiera (mi habitación no es claustrofóbica, pero tampoco espaciosa). Mis padres se pusieron en la puerta de mi habitación a observar. Les dije que me dejasen mirar, y me cerraron el pase y me dijeron, a gritos, que me fuera.
Días antes yo ya había decidido dónde iba a ir el armario. Perdón, quise decir que expresé mis intenciones de cambiar de lado el armario para que únicamente me dijeran, sin probar, que iba a quedar mal, y que se quedaba como estaba. Tócate los cojones. Total, que lo único que provocó la sabia decisión de mis padres por no dejarme decorar a mi gusto mi habitación fue que la estantería con mesita de noche se quedase al lado del armario, y al lado de la cama. Todo junto. Que, con el enorme escritorio que también queda justo al lado de la cama, hace que hacer la cama sea casi una misión digna de película de acción (en realidad se hace perfectamente, pero con tanto obstáculo parece un videojuego).
¿Por qué saco a relucir ahora todo esto? Pues porque se me ha dado por dejar de lado mi época de síndrome de Diógenes revistil, y he estado tirando muchas cosas, muchas revistas, muchos papeles inservibles que mi mente enferma pensó que podría necesitar. Por ejemplo, ¿para qué necesito el borrador de mi examen de Publicidad de primero de carrera? ¿O para qué necesito una Vogue de 300 páginas que compré por salir Victoria Beckham en unas 10? Como si fuese una adolescente esquizofrénica, arranqué todo lo que me interesaba de esa y otras publicaciones, y mis cajones vieron reducida su ocupación bastante drásticamente. También tiré algunas cajas, bolígrafos sin tinta guardados en tales cajas, y demás artilujios cuya existencia mi mente había borrado.
Acto seguido se me dio por cambiar de sitio la ex-mesita de noche al hueco del escritorio que hace esquina, donde colocaba la papelera. Ahora donde estaba la mesita, a espera de que mi padre se digne a hacerme más estantes en la mini-estantería, coloco el calzado en el suelo (creo que ya lo mencioné en otra entrada, en mi casa no acostumbran a guardar el calzado en las habitaciones y, cuando yo lo hago, se dedican a quitármelo sin permiso. La elección de armarios tampoco facilita las cosas), a la espera, sucesivamente, de que terminen de una vez el puff, que no tiene suelo y la tapa no está fija, y lo tengo muerto de risa ocupando espacio sin ser usado, para que una vez terminado pueda guardar mi calzado dentro*.
· A la izquierda, una minúscula parte del escritorio (encima de él hay 2 estantes). A su lado, la cama. A la derecha, la estantería, a cuya derecha está el armario. Donde yo quise ponerlo sería la pared desde la cual está hecha la fotografía ·
Pero claro, no podemos hablar de re-decoración, o re-colocación, pasando por alto mi aborto de contribución frustrada: el armario. Me decidí a probar a ponerlo donde yo siempre quise, en la pared del interruptor de la luz y mirando en frente de la cama, para así pasar la antena de la televisión por detrás del armario y no tener que hacer maniobras cirquenses si estoy viendo la televisión y quiero abrir el armario (o mi madre, debido a las grandes ventajas de que tu armario sea donde se guarda la ropa para planchar y, en tales días, te entren diez veces en quince minutos, siempre sin llamar, por supuesto). Cual fue mi owned cuando recordé que la estantería está atornillada al armario.
Total, que ayer le dije mis intenciones a mi madre, cuando ya había cambiado de sitio la mesita y recolocado el calzado. ¿Cuál fue su reacción? La que debió haber tenido hace 5 años cuando con toda mi buena y lógica intención quise hacer las cosas a mi manera y se me impidió. ¿Y qué se puede hacer ahora? Nada, porque aunque desatornillase la estantería y cambiase de sitio el armario, no tendría donde ponerla, ya que en el único sitio donde podría es imposible porque toca con los 2 estantes individuales de la pared. Vaya, que estoy condenado a vivir en mi no-habitación hasta que encuentre un trabajo con el que me pueda permitir un alquiler. O sea, hasta los 40.
*Tranquilos, es normal que no hayáis entendido nada en este párrafo. Más bien, es normal que no hayáis entendido nada en absoluto en esta entrada.
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