No me gustan las despedidas. No me gustan las despedidas porque los sentimientos se ponen a flor de piel, y los sentimientos cuando se ponen a flor de piel pierden la esencia de su significado. No me gustan las despedidas porque volver a casa tras casi tres años ininterrumpidos en una ciudad donde he pasado los mejores momentos de mi vida es un retroceso sin parangón que sume a uno en la más profunda desesperación. La de que la vuelta a casa no signifique un cambio de hábitat, sino la pérdida de todo lo conseguido hasta el momento. El abrazo a un modo de vida vacacional, pero sin fecha de retorno en el billete del viaje. No me gustan las despedidas porque las ganas son descomunales y las oportunidades muy limitadas, y casi siempre hay alguien que se adelanta a la que pudiese ser la de tu vida. No me gustan las despedidas porque no sé cuándo será la próxima vez que vuelva a verte. A veros. Y a verte.
No me gustan las despedidas porque me pasaría la vida contando los segundos que tardaría en decirte 'hola' de nuevo.
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17 junio 2012
01 julio 2010
Sin título, IV.
No me echo la culpa por echarte de menos;
Me echo la culpa porque aún te deseo.
Me echo la culpa porque aún te deseo.
26 junio 2010
Confesiones regadas con alcohol.
"Porque la vida se resume con vasos de plástico
Los llenamos de champán y lo bebemos en el ático
Y cantamos mil canciones
Nos caemos borrachos por los rincones
Y apenas recordamos algo al despertar"
Los llenamos de champán y lo bebemos en el ático
Y cantamos mil canciones
Nos caemos borrachos por los rincones
Y apenas recordamos algo al despertar"
31 diciembre 2009
Querido 2010.
Querido 2010,
No sé si estarás acostumbrado a recibir cartas. Debería escribírsela a los Reyes Magos, pero prefiero enviártela a ti que duras 365 días que no a ellos que durarán una Cabalgata, una noche y la mañana siguiente.
No tengo muchas cosas que pedir, aunque eso no significa que lo que te pida no sea de gran envergadura. A mí en la vida no me preocupan demasiadas cosas. No necesito la fortuna de Lily Van der Woodsen, vestir con ropa de diseño, tener un loft en Manhattan ni gastarme miles de euros al día en caprichos varios. Mis aspiraciones en la vida son terminar la carrera con un expediente decente, vivir en una ciudad que me guste y de lo que me gusta, tener un sueldo que me permita vivir con comodidad (léase comodidad como poder llegar a fin de mes sin demasiados sacrificios), estar rodeado de aquellas personas que me importan y ser, a grandes rasgos, feliz.
Sé que muchos de estos objetivos no te incumben a ti porque es demasiado pronto para pedírtelo, pero simplemente te pido que durante tu trayectoria me ayudes a que se vayan cumpliendo poco a poco. ¿Te parece que pido demasiado? Sinceramente, espero que no.
You know I'd really like you to love me.
xoxo.
No sé si estarás acostumbrado a recibir cartas. Debería escribírsela a los Reyes Magos, pero prefiero enviártela a ti que duras 365 días que no a ellos que durarán una Cabalgata, una noche y la mañana siguiente.
No tengo muchas cosas que pedir, aunque eso no significa que lo que te pida no sea de gran envergadura. A mí en la vida no me preocupan demasiadas cosas. No necesito la fortuna de Lily Van der Woodsen, vestir con ropa de diseño, tener un loft en Manhattan ni gastarme miles de euros al día en caprichos varios. Mis aspiraciones en la vida son terminar la carrera con un expediente decente, vivir en una ciudad que me guste y de lo que me gusta, tener un sueldo que me permita vivir con comodidad (léase comodidad como poder llegar a fin de mes sin demasiados sacrificios), estar rodeado de aquellas personas que me importan y ser, a grandes rasgos, feliz.
Sé que muchos de estos objetivos no te incumben a ti porque es demasiado pronto para pedírtelo, pero simplemente te pido que durante tu trayectoria me ayudes a que se vayan cumpliendo poco a poco. ¿Te parece que pido demasiado? Sinceramente, espero que no.
You know I'd really like you to love me.
xoxo.
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25 diciembre 2008
Contigo o sin ti.
Toc, toc. Sandra me espera. ¡Qué alegría verla después de tantos meses! La invito a pasar mientras me pongo el abrigo y demás, pero tiene el coche estacionado en el paso de peatones que queda justo delante de mi casa, así que le digo que me espere en él, que me llevará a lo sumo un par de minutos. Me pongo el abrigo, me echo colonia, cojo el dinero para comprar el regalo navideño de mi madre y, después de darle un besito a mi primita, que había venido con su madre de visita, salgo por la puerta principal.
Monto en el coche, le doy dos besos y es tiempo de contarnos qué tal nos ha ido la vida durante el tiempo en que no nos hemos visto y ni siquiera hemos hablado. Anda, ¿que ahora tienes Internet en casa? Pues te volveré a añadir al Messenger, entonces. ¿Y qué tal tu primera experiencia compartiendo piso? En general bastante bien. ¡Nico se ha confesado con nosotros! ¿Nico? ¿El mismo Nico al que echo muchísimo de menos porque hace, si no siglos, milenios que no lo veo? ¡Sí, el mismo! ¿Y en qué se ha confesado? Pues hijo mío, esa frase, no sé cómo lo ves, pero últimamente sólo puede tener un sentido.
Sí, Nico es homosexual. ¡Qué me dices! Yo siempre le había notado alguna plumilla, pero pensaba que era sólo por su forma de ser. Pues sí, tal como te lo cuento.
En ese momento me siento culpable porque yo todavía no le he contado que Nico y yo no sólo tenemos en común el año de nacimiento. Pero no, no se lo puedo decir ahora. Prefiero esperar un poco. Primero le diré que vayamos a la librería, a ver si no tengo que andar a vueltas. Vaya, no tienen el libro. ¿A qué otro sitio puedo ir? Vale, ya sé. ¡Aquí sí lo tienen! 25 euros por un libro que hace casi un año que ha salido. Ni los mismísimos Harry Potter están tan caros recién puestos a la venta. Tomamos la calle principal y volvemos al coche.
Enciende la música y me pongo nervioso. Tiene que ser ahora, Adrián, no puedes retrasar el momento indefinidamente: hoy ha sido una señal. Y es que puede parecer una tontería, pero confesar tu orientación sexual, no nos engañemos, sigue siendo un tema delicado y con una clara diversidad de opiniones. Y más cuando tu pueblo, que ya llevas diecinueve años allí y te lo conoces bien, es la abeja reina en la colmena del cotilleo. Tengo una cosa que decirte. Instintivamente baja la música. Y es que a raíz de lo que me contaste de Nico, pues... (no me salen las palabras)... ... pues que... ya te imaginas (asienta)... yo también soy gay.
Una de las razones de no haberme atrevido a contárselo antes era su ambigüedad con el tema. Nunca había podido adivinar en ella si era una persona comprensiva o conservadora, como su madre. Por suerte, está en el grupo de los primeros. Espero que no te tomes a mal que haya tardado tanto en contártelo, pero primero quería que mi madre lo supiese. Además, no quiero que el rumor se extienda y llegue a mi padre, porque aunque las habladurías han estado desde siempre una cosa es el rumor y otra son citar mis propias confesiones. Un abrazo, muchas risas, y bailes al ritmo de Daft Punk, U2 (With Or Without You es bailable totalmente), The Rasmus o Radiohead. Y este coche se mueve (aún por encima está algo empañado), la gente va a pensar que estamos... Pues yo abriría el coche y diría que sí.
Porque si no nos tomamos la vida con sentido del humor, ¿qué va a ser de nosotros? Y a veces, en Navidad, sea uno partidario o detractor, el mejor regalo que se puede hacer es la sinceridad.
Monto en el coche, le doy dos besos y es tiempo de contarnos qué tal nos ha ido la vida durante el tiempo en que no nos hemos visto y ni siquiera hemos hablado. Anda, ¿que ahora tienes Internet en casa? Pues te volveré a añadir al Messenger, entonces. ¿Y qué tal tu primera experiencia compartiendo piso? En general bastante bien. ¡Nico se ha confesado con nosotros! ¿Nico? ¿El mismo Nico al que echo muchísimo de menos porque hace, si no siglos, milenios que no lo veo? ¡Sí, el mismo! ¿Y en qué se ha confesado? Pues hijo mío, esa frase, no sé cómo lo ves, pero últimamente sólo puede tener un sentido.
Sí, Nico es homosexual. ¡Qué me dices! Yo siempre le había notado alguna plumilla, pero pensaba que era sólo por su forma de ser. Pues sí, tal como te lo cuento.
En ese momento me siento culpable porque yo todavía no le he contado que Nico y yo no sólo tenemos en común el año de nacimiento. Pero no, no se lo puedo decir ahora. Prefiero esperar un poco. Primero le diré que vayamos a la librería, a ver si no tengo que andar a vueltas. Vaya, no tienen el libro. ¿A qué otro sitio puedo ir? Vale, ya sé. ¡Aquí sí lo tienen! 25 euros por un libro que hace casi un año que ha salido. Ni los mismísimos Harry Potter están tan caros recién puestos a la venta. Tomamos la calle principal y volvemos al coche.
Enciende la música y me pongo nervioso. Tiene que ser ahora, Adrián, no puedes retrasar el momento indefinidamente: hoy ha sido una señal. Y es que puede parecer una tontería, pero confesar tu orientación sexual, no nos engañemos, sigue siendo un tema delicado y con una clara diversidad de opiniones. Y más cuando tu pueblo, que ya llevas diecinueve años allí y te lo conoces bien, es la abeja reina en la colmena del cotilleo. Tengo una cosa que decirte. Instintivamente baja la música. Y es que a raíz de lo que me contaste de Nico, pues... (no me salen las palabras)... ... pues que... ya te imaginas (asienta)... yo también soy gay.
Una de las razones de no haberme atrevido a contárselo antes era su ambigüedad con el tema. Nunca había podido adivinar en ella si era una persona comprensiva o conservadora, como su madre. Por suerte, está en el grupo de los primeros. Espero que no te tomes a mal que haya tardado tanto en contártelo, pero primero quería que mi madre lo supiese. Además, no quiero que el rumor se extienda y llegue a mi padre, porque aunque las habladurías han estado desde siempre una cosa es el rumor y otra son citar mis propias confesiones. Un abrazo, muchas risas, y bailes al ritmo de Daft Punk, U2 (With Or Without You es bailable totalmente), The Rasmus o Radiohead. Y este coche se mueve (aún por encima está algo empañado), la gente va a pensar que estamos... Pues yo abriría el coche y diría que sí.
Porque si no nos tomamos la vida con sentido del humor, ¿qué va a ser de nosotros? Y a veces, en Navidad, sea uno partidario o detractor, el mejor regalo que se puede hacer es la sinceridad.
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